domingo, 25 de julio de 2010


Ni una sola palabra, ni gestos ni miradas apasionadas, ni rastros de esos besos que antes me dabas hasta el amanecer. Ni una de las sonrisas por las que cada noche, todos los días, sollozan estos ojos, en los que ahora te ves. No puedo ser, no soy yo. Me pesa tanto el corazón, por no ser de hielo cuando el cielo me pide paciencia.